martes, 7 de abril de 2020

ANÁLISIS, PRONÓSTICO Y RESPONSABILIDAD

Hoy, cuando ya han pasado trece años del estallido de nuestra Gran depresión y, haciendo un ejercicio de memoria, no estaría de más recordar algunos artículos que, en aquellos momentos, abordaban lo que aún era un futuro incierto. 

En todas las disciplinas acostumbramos a dotar de autoridad a aquellos cuyos pronósticos resultan más certeros o cercanos a lo que finalmente sucede. El ámbito del análisis económico es una excepción en esta costumbre. Os invitamos a ser pacientes y  a leer un par de artículos que hacían un ejercicio de pronóstico sobre lo que sucedería allá por 2006 y 2007. El primero es un trabajo de Gabriel Kolko publicado en Le monde diplomatique en octubre de 2006; un año antes de que comenzaran los primeros actos de lo que sería nuestra Gran depresión, Kolko analizaba y explicaba los principales problemas y fallas que presentaba el mundo bancario y financiero. Anticipaba, además, una inminente catástrofe económica. Un año más tarde y ya en los primeros compases de la crisis José Juan Ruiz  escribía un artículo en El País en el que, además de omitir que su cargo de Economista Jefe para Latinoamérica del Banco Santander, hacía también un pronóstico sobre lo que se avecinaba.

Hace unos días, el 17 de marzo pasado, en un programa de radio de gran audiencia, pudimos volver a escuchar a José Juan Ruiz hacer recomendaciones y pronósticos sobre la situación venidera provocada por la pandemia global. Nuestra desmemoria nos impide dar y quitar autoridad a quien la merece. El tiempo da y quita razones aunque lo olvidemos.



Inquietud en los medios financieros
Economía de aprendices de brujo
Las crisis se suceden, hasta el punto de inquietar a los más altos dignatarios de las organizaciones internacionales. No sin razón. A mediados de septiembre, uno de los grandes fondos de inversión norteamericano, ‘Amaranth Advisors’, ha perdido más de la mitad de su capital en un fin de semana. En 1998 la desintegración de un fondo de este tipo, ‘Long Term Capital Management’, había obligado a la banca central a intervenir para evitar un ‘crack’. Pero, desde entonces, las sumas en juego se han incrementado considerablemente.
por Gabriel Kolko, octubre de 2006 (leer más)

Lejos del Apocalipsis


(...) Traducido para los agoreros patrios: es poco probable que la economía española se hunda en los próximos trimestres.

lunes, 6 de abril de 2020

ECONOMÍA Y SUBJETIVACIÓN: EL IDEAL NORMATIVO DEL EMPRENDEDOR




En marzo de 2017, dentro del curso Filosofía para docentes, el sociólogo Laureano Martínez dedicó una conferencia al ideal del emprendedor como prototipo del sujeto neoliberal. En este pequeño extracto que os enlazamos Laureano aclara algunos aspectos básicos del emprendimiento:


- Una definición del término emprendedor

- El emprendimiento como un esfuerzo sobre sí mismo

- El emprendimiento como proyecto de un cambio de cultura, de mentalidad

- El emprendedor como sujeto ideal del neoliberalismo (Foucault y su idea de la biopolítica)

- El neoliberalismo y el papel del Estado como generador de un marco de competencia

*Artículos interesantes sobre el emprendimiento


lunes, 30 de marzo de 2020

LO QUE LA HISTORIA GLOBAL ES Y LO QUE DEBIERA SER


Sólo tiene importancia la determinación del régimen de veridicción que les permitió decir y afirmar como verdaderas una serie de cosas a cuyo respecto acertamos hoy a saber que quizá no lo fueran tanto. Tal es el aspecto, precisamente, en el que el análisis histórico puede tener un alcance político. Lo que políticamente tiene su importancia no es la historia de lo verdadero, no es la historia de lo falso, es la historia de la veridicción.
Michel Foucault

Comencemos con un par de preguntas: ¿era la globalización un fenómeno histórico irreversible? ¿era una buena idea orientar el enfoque de la disciplina histórica asumiendo esa presunta irreversibilidad?
Desde comienzos de la década de los noventa y hasta el inicio de la crisis económica en 2007 un coro de trabajos académicos, prensa económica y responsables políticos cantaba la idea de que la globalización era un fenómeno histórico no sólo deseable, sino inevitable. Resulta de fácil comprobación en cualquier hemeroteca observar hasta que punto esta idea se convirtió en una verdad incuestionable. Fue en ese contexto en el que se desarrolló toda una corriente de estudios centrados en lo que se denominó historia global. El trabajo de Sebastian Conrad, publicado por Crítica, resulta útil a la hora de poner el foco sobre esta corriente historiográfica y, también, sobre un conjunto de asuntos polémicos relacionados con la globalización y la historia global.
La historia global, tal y como señala Conrad, se gestó y adquirió importancia en el ámbito anglosajón y es indisoluble del desarrollo de la globalización como fenómeno histórico. El texto de Conrad resume, aunque de modo algo superficial en ocasiones, las características y dificultades de la adopción de la perspectiva de esta historia global anglosajona para el estudio del pasado. Más interesante que el título de la traducción al castellano es el título original (What is global history?) ya que refleja mejor lo que el libro ofrece: un acercamiento a la historia (seguir leyendo...)*

Seoane, J. (2020). Lo que la historia global es y lo que debería ser. Con-Ciencia Social (segunda época), 3, 147-156. DOI:10.7203/con-cienciasocial.3.16794

CONOCIMIENTO, PODER Y MUNDIALIZACIÓN EDUCATIVA





REVISTA CON-CIENCIA SOCIAL Nº 2: La cultura del capitalismo tardío.
Subjetividad, cultura de masas y sociedad capitalista


REVISTA CON-CIENCIA SOCIAL Nº 3: Conocimiento, poder y mundialización educativa

domingo, 22 de marzo de 2020

AUTORITARISMO O LIBERTAD. EL PASTORADO COMO RAÍZ DE NUESTROS PROBLEMAS


"(...) La mecánica de dirección, si se quiere que funcione ha de ser invisible."

Walter Eucken

La interpretación superficial y descuidada sobre quiénes somos o qué pensamos* oculta elementos profundos de las repuestas a estas preguntas que resultan turbadores. Uno de esos amenazadores puntos ciegos de nuestra cultura es su carácter autoritario, oculto bajo una gruesa capa de conceptos y reflexiones que funcionan como un sutil y sofisticado juego de espejos. Mientras en lo superficial se promueve la libertad, en los cimientos de nuestra construcción intelectual y política la misma se aniquila. Adentrémonos, excavemos a la búsqueda de esas cimentaciones invisibles de nuestro andamiaje conceptual.

A lo largo del siglo XVIII se formalizó un marco conceptual que, en lo sustancial, continúa siendo plenamente funcional. Formando parte de este marco se desarrolló un idea de libertad como la capacidad de desarrollar lo que realmente somos por naturaleza; por supuesto a continuación se dejaba claro cuáles eran las características de la misma. Esas definiciones cerradas y chatas sobre eso que se llamaba naturaleza humana servirán desde entonces como un elemento que permite acotar, establecer límites; elementos no discutibles. El siguiente paso era, una vez reconocida la naturaleza humana comprender qué era lo deseable, cuáles debían ser los fines a perseguir y desarrollar un sistema de dirección, de gobierno de hombres y mujeres que permitiera un pastoreo eficiente. La gran innovación del siglo XVIII a este respecto no fue otra que el descubrimiento de los vicios, las pasiones como herramienta de dirección de humanos. Lo que se desarrolló, pues, fue un sofisticado sistema de pastorado laico en el que la dirección se ejercía a través del egoísmo o la codicia. En pleno siglo XVIII Adam Smith consideraba que este sistema, una vez puesto en marcha, funcionaría de una forma automática, sin necesidad de intervención posterior. No será hasta los difíciles años de entreguerras, cuando los catastróficos resultados de este experimento se hicieron evidentes, que se produjo una revisión de ese supuesto automatismo y se comprendió que para mantener un pastoreo eficaz sería necesario establecer mecanismos de dirección invisibles y que la palanca de los mismos no sería otra que la construcción de mercados competitivos regulados por el Estado. 

Pretender que una construcción intelectual como esta fomente la libertad es una burla, pero una burla que funciona. Como vemos existe un cierto poso religioso no reconocido en la racional y laica cultura moderna. El pastorado, no es otra cosa que el cuidado vigilante de unos fieles, dirigirlos y gobernarlos. Es precisamente la vigilancia, la observación atenta y cuidadosa de los fieles, lo que permite dirigirlos y gobernarlos que no es más que encaminar a un determinado fin, guiar...

El propio concepto de pastorado procede directamente del praelatus latino, literalmente "puesto delante". Vivimos en un marco conceptual pensado para favorecer la tarea a los que van delante. Ahora bien la propia definición de pastorado hace alusión al cuidado que, volviendo a sus raíces etimológicas latinas,  no es otro que cogitere; discernir o pensar. De modo que nuestro sentido común acepta de una forma irreflexiva que promovemos la libertad aunque lo que en realidad hacemos es establecer un sistema de ideas en el que los que van delante, los prelados, disciernen o piensan por los demás respecto a qué es deseable o a qué fines perseguir. Como observa Chantal Maillard:

"(...) No habrá verdadera democracia mientras aquellos que la integran no hayan aprendido a ser libres, y la libertad no es un conjunto de libertades que se otorgan o se quitan, sino algo mucho más simple y complejo a un tiempo, algo que germina en el silencio y en la observación de ese aparecer y desaparecer de los contenidos mentales"

En la era digital las herramientas de vigilancia se están perfeccionando a un ritmo vertiginoso y asistimos a una sofisticación acelerada en los mecanismos que permiten un pastorado segmentado y desagregado hasta límites hasta hace poco tiempo inimaginables. Asistimos, de nuevo, a la aparición de una disonancia entre lo que nuestro sistema de ideas declara: que desea potenciar la libertad; y lo que realmente promueve que no es más que un autoritarismo camuflado. A medida que la disonancia se haga más evidente y la coherencia entre lo declarado y lo hecho se esfume el autoritarismo ya no se camuflará.


* Chapoutot J., Libres d’obéir: Le management, du nazisme à aujourd'hui, Galimmard, 2020



sábado, 21 de marzo de 2020

KANT, SENTIDO COMÚN Y GLOBALIZACIÓN

En ocasiones lo esencial de una historia no está en su núcleo, sino en todo lo que la envuelve, en las múltiples capas que componen un suceso determinado. Cuando en 1784 Immanuel Kant publicó sus Ideas para una historia universal en clave cosmopolita pensaba, precisamente en eso, en dotar de contexto a su Crítica de la razón pura. Aunque nos hayamos habituado a ver a Kant como a una especie de referente intemporal lo cierto es que vivió y escribió en la Prusia del último tercio del siglo XVIII y, por tanto, inmerso en el movimiento ilustrado europeo. 

Este pequeño trabajo de Kant es una especie de compendio de lo que eran (y son) los cimientos sobre los que asentó un intento por conseguir un conjunto de realidades consideradas bienes (valores) y por tanto deseables, a través del establecimiento de un orden y un método definidos (razón). Nuestro sentido común procede en realidad de ese intento. 

El trabajo de Kant resultó germinal en cuanto a la necesidad de conseguir una de esas realidades deseables que no era otra que la de, como el propio título indica, avanzar en la construcción de un Estado cosmopolita universal. Esta idea kantiana es una especie de prefiguración de lo que hoy llamamos globalización.




La globalización, por tanto, forma parte de aquello que podemos considerar consustancial a la moderna cultura occidental. Tan imbricada se encuentra en nuestra forma de ver las cosas que pasa inadvertida en cuanto a su carácter de deseo, de proyecto y, de ese modo, nos habíamos habituado durante decenios a considerarla más bien una realidad inmutable, inevitable. Ese deseo de globalización, tan profundamente arraigado en nosotros está sufriendo en los últimos tiempos duros golpes que no es necesario enumerar por evidentes; la cuestión que de nuevo se plantea es como a consecuencia de los mismos uno de esos valores aparentemente inmutables y sólidos se resquebraja. La desglobalización acelerada a la que asistimos desde los embates de la crisis económica de 2007/08 y que, sin duda, la actual pandemia acelerará aún más, no son una sorpresa para cualquier lector atento que se acercara a la Historia Contemporánea. Los ejemplos de procesos de explosiones globalizadoras y desglobalizaciones igualmente rápidas siguiendo los ritmos cíclicos de las economías de mercado construidas desde finales del siglo XVIII están perfectamente reconocidos y a disposición de cualquiera que hubiera tenido interés en ellos.

Precisamente eso, interés, es lo que faltó, y no es algo casual o irrelevante, es el efecto de una ceguera, de un sesgo que conduce a  error introducido por el conjunto de la razón y  los valores ilustrados sobre los que se asientan nuestras convicciones más profundas. El problema es por tanto agudo. No se trata sólo de un pequeño error a la hora de enfocar un suceso histórico es más bien un fallo estructural de nuestro marco conceptual.

Una vez más los efectos que se esperaba produjera ese deseo-valor, la globalización, no fueron (o son) los esperados. El resultado, una vez más, no es otro que la disonancia de la que ayer hablábamos y que está conduciendo al derrumbe de otro de esos valores ilustrados de los que también ayer hablábamos. El peligro está en que mientras nuestros deseos-valores se colapsan a nuestro alrededor no hemos sido capaces de construir una razón alternativa y que, por tanto, mucho nos tememos que las soluciones al actual derrumbe no podrán venir más que de una profundización y radicalización de la única razón disponible; una razón centrada, como ya vimos también ayer, en el egoísmo y la competencia. El problema por tanto no se encuentra en el derrumbe mismo, sino en la falta de una razón alternativa que nos oriente sobre que desear-valorar que sea menos tóxica que la que actualmente domina nuestro sentido común.